Amores insólitos

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¡Hola lectores!

Aprovechando que seguimos en febrero, les presento tres relatos relacionados con el amor, ya que el mundo es un lugar insólito… y el amor lo es aun más…

La búsqueda

Giró a la izquierda, luego siguió recto tres pilares para luego dar un giro brusco hacia la derecha, ¿acaso no había pasado ya por ahí? Esa columna rojiza definitivamente se le hacía familiar.

Una fina capa de sudor le bañaba la frente, pero no pensaba darse por vencida, sabía que él debía de andar cerca, lo encontraría en cualquier momento y entonces ya no volvería a perderlo.

***

¿Qué estaba ocurriendo? ¿Desde cuándo se habían intercambiado los papeles? Escuchaba los pasos de ella cerca, demasiado cerca, debía ser silencioso y escabullirse, al menos hasta que lograra aclarar sus pensamientos.

***

¿En dónde estaba él? Lo había estado buscando pero sin éxito, ¿por qué lo había hecho correr de esa manera? ¿Acaso lo había… asustado? ¿En qué se había equivocado ella?

***

Por suerte él conocía los caminos como la palma de su mano, así que era relativamente fácil poder escapar de ella, ¿por qué se estaba sintiendo así? ¿Desde cuando él escapaba? Ya hace mucho que había pasado el tiempo de que fuera un pequeño asustado.

****

No se iba a rendir, sabía que lo encontraría, tampoco es como si tuviera otra opción, al fin y al cabo, dada su situación…

***

¿Por qué no lo dejaba en paz? Más importante aún, ¿por qué él huía? Él conocía muchas emociones, la tristeza, el miedo, la furia, pero ahora… ¿qué era aquello?

***

Al final lo encontró, estaba de pie, medía poco más de dos metros y portaba una hacha de doble filo, de su rostro sólo sus ojos eran visibles, brillaban como dos antorchas, ella se preguntó cuantas eran las personas que se habían fijado en ese brillo antes de morir.

—Hola —dijo ella mientras trataba de recuperar la respiración, se veía agotada y no era para menos, era ágil pero no estaba acostumbrada a correr tanto.

Él se quedó en silencio, miraba ansioso hacia los lados, tenía energía más que suficiente para correr por horas si hiciera falta, pero las piernas no le respondían.

—¿Así que tu eres el guardián? —continuó ella— ¿Para qué es esa máscara? ¿Nunca te cansas de llevarla?

Él resopló y manteniendo su silencio se desprendió del enorme casco, una mezcla de pieles y metal que estaba coronado por dos cuernos afilados como la hoja de una espada.

Debajo de la máscara era sólo un humano, ella sonrió, ya sabía ella que las historias sobre la bestia no podían ser ciertas.

Ella se acercó más, sin perder la sonrisa pero también sin apartar demasiado la vista del hacha, era confiada pero no tanto.

—Así que, ¿cómo te llamas?

******

¿Qué se podía hacer? El minotauro, temible y sanguinario, despiadado y cruel, una abominación misma de la naturaleza según decían las lenguas más allá del palacio, había sucumbido de timidez ante los ojos de aquella chica.

Golpes

El sonido de los golpes lo despertó, podía escucharlos al otro lado del muro, eran lentos y acompasados, de una persistencia que era digna de admiración.

El anciano volvió a cerrar los ojos, hace ya más de cuarenta años que escuchaba esos golpes, pero algún día se detendrían, de una u otra manera.

—Buenas noches querida, algún día encontraré el antídoto, algún día…  —dijo el anciano antes de volverse a dormir.

La pregunta

—Sé que esto puede parecer súbito, inesperado, incluso hasta atrevido, pero debo preguntarte algo y no sé cómo hacerlo. Lo he estado meditando desde que puse un pie en esta casa y la verdad es que si me quedo con la duda jamás me lo perdonaré. Ya sé que fuimos presentados hace apenas unos momentos y que al ser tu invitado debo mostrar toda la cortesía posible y déjame asegurarte que así lo haré, por favor no me tomes como uno de esos sujetos que se creen dueños del mudo y que ven a todos por encima del hombro, yo no soy así, pero esto es algo que sobrepasa mis límites. Admito que temo que debido a mi pregunta termines observándome con desconfianza o alojando rencor en tu corazón, lo último que deseo es ser castigado con tu desprecio o que tus palabras se vuelvan tan frías como el ártico, pero sé que no hay ya marcha atrás, así que discúlpame nuevamente pero necesito preguntar… ¿cuál es tu contraseña del Wi Fi?

Ella le respondió con una sonrisa, fue entonces cuando él descubrió que el amor era real.

El inicio

—¿Cómo te llamas?

—Bella, ¿y tu?

—Edward.

Una escritora sentada en una mesa cercana masticaba desganada una tostada mientras pensaba que esos eran unos nombres que ella podría usar en la novela que estaba escribiendo.

Mientras tanto, en un lugar lejano, quizás incluso en un universo alterno o a modo de un eco en el pasado o el futuro, un escritor tembló al sentir la perturbación de la fuerza, un terrible mal había sido despertado…

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Felipe Rodríguez

Ingeniero, lector, escritor, consejero en mis ratos libres y siempre en busca de aprender nuevas cosas relacionadas al mundo de los blogs.
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