La cabaña

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¡Hola lectores!

En esta ocasión les presento un relato para el evento Te Robo Una Frase, Jornada 7, la frase a utilizar es la siguiente:
«Nadie respondió. El viento suspiraba entre los árboles, haciéndoles emitir susurros misteriosos. A la sombra oscilante de los olmos que se alzaban del otro lado del muro podía ver la lápida de Hubert Marsten». —De Stephen King, sacada de la novela: El misterio de Salem’s Lot.

La cabaña

Una pala y una maleta, eso es todo lo que Joe Marsten llevó a la cabaña que hace años había pertenecido a su tío abuelo, el millonario Hubert Marsten, quien había acumulado una riqueza incalculable gracias a todo el oro que encontró durante su juventud cuando había heredado un terreno en el que al poco tiempo se descubrió ese metal precioso.

Tenía dinero suficiente para permitirse una mansión en cualquier parte del mundo que deseara, pero jamás aceptó irse de esa vieja cabaña, decía que ese era su hogar, que él lo había construido con sus propias manos y que mudarse sería una falta de respeto a ese lugar, así que ahí es en donde se quedó hasta el último día de su vida.

No sólo se negó a mudarse, sino que también se negó a darse cualquier lujo, siempre usaba su misma ropa vieja y los muebles que tenía, nadie sabía que había hecho con todo ese oro, pero habían muchos rumores de que todo estaba enterrado en algún lugar del terreno.

Otras personas comentaban que lo había ocultado en su casa o que lo había perdido absolutamente todo en alguna apuesta de póquer, aunque esos rumores eran descartados casi de inmediato ya que era alguien que siempre hablaba en contra de las apuestas y elogiaba el trabajo duro y el esfuerzo.

La cabaña queda en medio de un bosque a unos quince kilómetros a las afueras de la ciudad, un sitio tranquilo y silencioso en donde vivir si te gusta la soledad y no eres fanático de recibir visitas, a unos metros hay un muro que antes protegía un huerto y un árbol que proporcionaba sombra, ahí era el lugar preferido de Hubert, en donde tenía una banca, le gustaba pasar horas enteras leyendo sus libros preferidos o simplemente escuchando los sonidos de la naturaleza.

Ahora a los pies de ese árbol se encuentra su lápida, él siempre decía que era ahí en donde quería ser enterrado y le cumplieron su deseo, ahora reposa en donde antes estaba ubicada la banca.

Una sola vez se llegó a saber que había usado su oro y fue cuando su único sobrino se casó, les compró a los recién casados dos boletos de avión a primera clase con rumbo a París, en donde les hizo una reservación en un hotel de cinco estrellas y se ocupó de darles dinero suficiente para ocuparse de todos sus gastos durante ese tiempo, además, mientras ellos estaban de viaje él les compró una enorme casa y la mandó a amueblar por completo.

Aún así, la cantidad de dinero que usó fue mínima en comparación con todo lo que había ganado, pero no se volvieron a escuchar noticias de que haya vuelto a comprar nada fuera de lo común luego de eso, no llegó a hacer testamento ni a dejar ninguna nota antes de su muerte, así que el sitio le quedó por ley a su sobrino, quien se lo quedó como casa de verano a donde ir durante las vacaciones.

Cuando era niño, a Joe Marsten le fascinaba ir a esa cabaña, conocía la historia de su tío abuelo así que jugaba a la búsqueda del tesoro, recorría los alrededores buscando en cada sitio que le pareciera sospechoso, también a veces movía los libros o golpeaba las paredes de la casa en búsqueda de alguna puerta secreta, pero jamás llegó a encontrar nada.

Su padre se reía al verlo jugar así y le decía que no había ningún tesoro, que de seguro ese oro lo había donado o quizás lo había gastado en alguna locura, sin embargo, cuando nadie lo veía, él también buscaba habitaciones secretas o recorría con la vista cada rincón del lugar con la esperanza de encontrar esa tan codiciada fortuna.

Pasaron los años y ahora esa cabaña le pertenecía a Joe, al principio no sabía que hacer con ella, un vecino se había ofrecido a comprársela pero rechazó la propuesta al último segundo, no sólo por razones sentimentales, sino también debido a que en el fondo aún ansiaba ponerle las manos encima a todo ese oro, si lo encontraba no tendría que volverse a preocupar por el dinero.

Se tomó una semana de vacaciones y se fue con rumbo a la cabaña, decidido a encontrar ese tesoro, todo el día y toda la tarde se la pasó buscando por los alrededores y también dentro de la casa, de la manera más minuciosa como le fue posible, viajó solo, es ambicioso así que no desea compartir su fortuna con nadie en caso de encontrarla.

Por la noche sigue sin descubrir nada pero no le importa, espera tener más éxito al día siguiente y pensando en eso se va a dormir, pero una semana pasa y sigue sin lograr ningún hallazgo, se encuentra agotado y molesto, de nada le ha servido tantos días de sacrificios, sigue sin encontrar nada.

—¿En dónde ocultaste tus riquezas? —grita Joe lleno de desesperación—, ¡te ordeno que me lo digas!

Nadie respondió. El viento suspiraba entre los árboles, haciéndoles emitir susurros misteriosos. A la sombra oscilante de los olmos que se alzaban del otro lado del muro podía ver la lápida de Hubert Marsten.

—Supongo que te llevarás el secreto a la tumba —dice tristemente mientras se da por vencido y empieza a hacer el camino de vuelta a su casa.

Y ahí quedó la cabaña, un lugar tranquilo y silencioso, perfecto para quienes disfrutan de vivir a solas, los muebles son viejos pero se mantienen en buen estado, el lugar posee todo lo que necesitas si no te gustan los lujos, aún se siguen escuchando historias de una enorme fortuna enterrada en algún sitio cercano.

Joe ha vuelto a su vida normal, trabaja de lunes a sábado, vive en la casa que alguna vez le perteneció a sus padres, es una casa amplia y cómoda, fue comprada y amueblada personalmente por Hubert, quien aprovechó las dos semanas en las que su sobrino se fue de luna de miel para hacer un agujero lo suficientemente grande cómo para enterrar una fortuna en oro…

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Felipe Rodríguez

Ingeniero, lector, escritor, consejero en mis ratos libres y siempre en busca de aprender nuevas cosas relacionadas al mundo de los blogs.
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12 Respuestas

  1. Ramon Escolano 19 enero, 2015 / 3:29

    ¡Qué bueno! El final me ha pillado desprevenido, yo había pensado que podía estar en su tumba, enterrado con él, pero sin duda tu final es infinitamente mejor.
    Me ha encantado el relato, mantiene el interés durante toda la lectura.
    Muchas gracias por participar de nuevo! 🙂
    Saludos!

    • Felipe Rodríguez 19 enero, 2015 / 22:22

      ¡Muchas gracias!
      Unos cuantos finales pasaron por mi mente pero terminé decidiéndome por el de la casa, para dar un giro inesperado al final.
      Gracias, a mi me encantó escribirlo.
      Es para mi todo un placer participar cada mes en este evento 😀
      ¡Saludos!

  2. Frank Spoiler 19 enero, 2015 / 3:41

    Estupendo relato Felipe. Me ha encantado sobre todo, que ni el avaricioso sobrino ni su hijo hayan encontrado el tesoro, no se lo merecen, en vez de estar agradecidos, solo han sido dos avariciosos sin escrúpulos. Sin duda no se merecían el oro de Hubert Marsten.

    • Felipe Rodríguez 19 enero, 2015 / 22:25

      ¡Muchas gracias Frank!
      Tanto esfuerzo buscando un tesoro que todo el tiempo ha estado justo debajo de sus narices.

  3. Patricia Bañuelos 19 enero, 2015 / 11:33

    Buenísimo!! Yo me quedé igual que Ramón pensando que estaba en la tumba. Muchas felicidades!!

    • Felipe Rodríguez 19 enero, 2015 / 22:34

      ¡Muchas gracias! Si, quise hacer un final que nadie se esperara ja ja ja
      ¡Gracias!

  4. Mary Ann 20 enero, 2015 / 14:49

    Pues les está bien. A ver si hay suerte y no lo encuentran nunca!!
    Encantada de jugar contigo.
    Nos seguimos leyendo.

    • Felipe Rodríguez 21 enero, 2015 / 21:17

      No creo que alguna vez lleguen a buscar en su propia casa así que es casi seguro que nunca lo encontrará.
      Gracias e igualmente.
      Saludos

  5. Julia C. 28 mayo, 2015 / 12:49

    Muy buen relato, Felipe. Una historia amena e interesante que mantiene el interés todo el tiempo 🙂 Pena de ese oro que al parecer nadie de la familia va a disfrutar!!

    Un abrazo y enhorabuena, me ha gustado mucho.

    • Felipe Rodríguez 28 mayo, 2015 / 22:07

      ¡Muchas gracias!
      Quizás un día lo encuentren, ya el tiempo lo dirá.
      Un abrazo y gracias nuevamente.

  6. Anita 1 octubre, 2015 / 8:54

    Excelente relato!!!
    Es la segunda vez que lo leo y me sigue sorprendiendo.

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