Los clientes

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—¡Ya basta! —pensó Daniel—, ¿cómo es posible que no pueda disfrutar de un instante de paz? ¿Acaso es eso pedir demasiado? ¿Acaso los clientes no pueden darme ni un segundo para descansar?

Había sido un largo día, eso no era nada nuevo, su trabajo era de tiempo completo y no conocía sobre fines de semana o días festivos, pedir unas vacaciones era algo complicado y el descanso para el almuerzo era breve, casi hasta niveles absurdos. El empleo era exigente y a veces Daniel se preguntaba por qué seguía ahí, casi nunca encontraba una respuesta satisfactoria.

Primero el músico, al parecer estaba teniendo problemas con la inspiración, su musa lo había abandonado (quizás decidió tomarse unas vacaciones), por lo general ese no es un problema demasiado grande, no era la primera vez que le sucedía ni tampoco sería la última, pero si quería recibir su pago debía tener lista una canción para dentro de tres días y su situación económica le hacía necesitar con urgencia ese dinero.

Luego llegó un escritor, tenía un bloqueo de más de una semana, el texto estaba ahí, la historia había alcanzado su punto más emocionante pero ya no sabía que más agregar, distintos finales habían sido intentados y ninguno le gustaba, tenía esa sensación de que algo le faltaba, de que podía mejorarse en más de una forma.

Después apareció un pintor novato, apenas y entendía las nociones más básicas y sin embargo ya quería crear una obra maestra que hiciera historia, no es que algo así fuera imposible (muy pocas cosas lo son para Daniel), pero es que está cansado de las personas que ni siquiera se toman las molestias de pensar en las cosas que quieren conseguir.

Los siguientes siete clientes es mejor ni mencionarlos, una pérdida total de tiempo, lo triste es que esa era el tipo de personas que más lo llegaban a ver, si tan sólo pudiera poner un rótulo en el que negara la entrada a todos ellos, pero él no podía poner las reglas, su única obligación era cumplirlas.

Nadie más llamó a su puerta, se quedó en silencio y sin saber que hacer, pensó en ponerse de pie e ir a ver pero decidió mejor no hacerlo, temiendo descubrir una gran línea de clientes en espera de ser atendidos, así que ahí quedó sentado y contó hasta diez mientras deseaba con todas sus  fuerzas que nadie más entrara a su oficina y en efecto, nadie más lo hizo.

¡Al fin un descanso! Parecía que ya no habían más personas en la sala de espera, se sorprendió al hacer ese descubrimiento, ni siquiera era capaz de recordar la última vez en la que algo así había pasado, es más, es posible que eso jamás hubiera pasado antes.

Era extraño, ¿es así como se sentía estar libre? Esa era una agradable sensación a la que se podía llegar a acostumbrar, incluso casi llegó a sonreír, pero en ese momento escuchó que alguien tocaba la puerta, los clientes siempre llegan y él siempre trabaja, esas son las reglas que jamás deben romperse, o al menos eso era lo que él creía.

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Felipe Rodríguez

Ingeniero, lector, escritor, consejero en mis ratos libres y siempre en busca de aprender nuevas cosas relacionadas al mundo de los blogs.
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7 Respuestas

  1. Anita 3 agosto, 2015 / 9:19

    Me identifico plenamente con Daniel…. no se porque….
    Y…. a que de dedicaba?????

    • Felipe Rodríguez 3 agosto, 2015 / 22:00

      Trabajas demasiado, sigue mi consejo y toma unas merecidas vacaciones en una isla tropical.
      Todo a su debido tiempo 😉

  2. María 5 agosto, 2015 / 2:55

    ummmm que interesante. Me dejas con la intriga. Espero el continuará. Un abrazo.

    • Felipe Rodríguez 5 agosto, 2015 / 21:44

      Gracias.
      De poco a poco el misterio será revelado 😉
      Pronto le daré continuidad.
      Un abrazo.

  3. Mirta 10 agosto, 2015 / 5:18

    Muy bueno Felipe! Cuando se develara este misterio? Un abrazo

    • Felipe Rodríguez 11 agosto, 2015 / 21:24

      ¡Muchas gracias!
      Ya muy pronto, cada vez más cerca el momento de la revelación.
      Un abrazo.

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