Odisea por un curso III

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¡Hola lectores!

Aquí estoy de nuevo, listo para darle continuidad a la odisea que tuve que pasar durante uno de los cursos que recibí hace ya algún tiempo, no fue fácil, muchas veces tuve que hacer uso de mis reflejos e ingenio para sobrevivir, pasé por peligros terribles y situaciones por las que ningún mortal en su sano juicio debería pasar, quizás pienses que estoy exagerando pero no es así, ya he dicho más de un millón de veces que no me gustan las exageraciones.

La última vez la historia había quedado en que el profesor se había puesto en pie para decir que aún faltaba una sorpresa, ante algo así todos pensamos lo peor, aunque era difícil para mi que las cosas empeoraran ya que con lo del baile estaba a sólo unos momentos de escapar aunque tuviera que fingir amnesia temporal o un desmayo.

—Este juego tiene un truco —continuó diciendo el profesor—, cada grupo tendrá que hacer lo que había propuesto para los demás, así que los de grupo uno cantarán, el grupo dos bailarán y así sucesivamente, la moraleja detrás de esto es: “Nunca le hagas a otros lo que no te gustaría que te hagan a ti”.

No puedo hablar por los demás, pero la verdad yo estaba feliz, tampoco es que sea un entusiasta del canto, pero lo prefiero antes que al baile, así que aclaré mi garganta y me preparé, pensando en qué cantaríamos todos los del grupo, cada quien empezó a hacer sugerencias pero siempre habían comentarios del tipo “No me sé la letra” o “no me gusta esa canción”.

¿Cual fue al final la canción que ganó por mayoría de votos? ¿Una reciente? ¿Quizás algún éxito en la radio? ¿Una clásica de esas que nunca mueren? Yo pensaba que sin importar cual fuera, lo haría de la mejor manera posible, con el mismo entusiasmo que ponen los cantantes durante los conciertos.

De pronto uno del grupo sugirió una de las que les enseñan a los niños cuando tienen unos cuatro o cinco años, casi todos los demás apoyaron la idea así que ni modo, había que cantar esa ya que la mayoría había hablado y cambiar de grupo no era una opción porque el profesor dijo que ya no se podía debíamos permanecer unidos en muestra de apoyo.

Es a esto a lo que me estaba refiriendo durante el inicio del primer capítulo, en donde junto con mi grupo nos preparábamos para tal hazaña, era imposible evitar lo inevitable así que dejamos de estar perdiendo el tiempo y empezamos a cantar de la manera más animada que nos fue posible.

¿Diría que fue una experiencia interesante? Supongo que si, no estuvo tan mal una vez que esa voz en mi cabeza que me decía que saliera corriendo del lugar se aburrió de hablarme y decidió irse sin mi.

Terminado ese momento al fin pudimos sentarnos y dejar que de poco a poco nuestro subconsciente se encargara de eliminar todo recuerdo al respecto mientras nos entreteníamos viendo a los demás grupos participando.

¿Qué sería de una clase participativa sin la participación? Cuando estás ante algo así sabes que tendrás que hacer varias actividades, algunas más divertidas que otras, como dije hace un tiempo algunas veces hay que salirse de la zona de confort y aprender de este tipo de experiencias.

¿Es sencillo hacer algunas de estas actividades? Esto depende de ti, a algunas personas se les hará mucho más fácil que a otras, pero lo importante es siempre recordar que por muy difícil que se te haga, aún así no significa que sea imposible, inténtalo y puede que te sorprendas a ti mismo.

Las actividades variarán mucho en cada curso, decir opiniones, competir, cantar, pruebas de velocidad, son sólo algunos pocos ejemplos, lo mejor en casos así es tomarlo todo con la mejor actitud posible, con una sonrisa y mucho entusiasmo.

Una vez terminada la actividad, todos respiramos de alivio al ver que iniciaban las clases teóricas y que al menos por ahora estaríamos a salvo de otras actividades, durante ese tiempo nos dedicamos a aprender, tomar notas y a preguntar cualquier duda que tuviéramos (¿Podría repetir eso? ¿Podría volverlo a explicar? ¿A qué se refiere con que no puedo quedarme dormido en el aula?).

Durante la clase se pidió varias veces la participación de los estudiantes, ante nueva información podíamos dar opiniones o teorías al respecto, lo interesante es que el profesor  descubrió que tuvo la mala suerte de enfrentarse a una clase ninja, ¿a qué me refiero con esto? A que al igual que ellos, los miembros de la clase no hablamos, no hacemos el menor ruido y tratamos de ocultarnos entre las sombras para pasar desapercibidos.

¿Cómo convertir una clase ninja en un grupo de personas participativas? Simple, hay que despertar el lado competitivo de los demás, sólo bastó que el profesor dijera las palabras “competencia”, “participación” y “premios” para que de repente todos lucháramos para poder participar, expresándonos como nunca creíamos posible.

Muchos de nosotros tenemos en nuestro interior un lado competitivo que nos impulsa incluso cuando menos lo esperamos, el deseo de ganar puede ser algo que nos ayude a motivarnos, eso es justo lo que sucede conmigo, puedo llegar a ser todo un ejemplo de disciplina y perseverancia, varios de mis amigos pueden confirmar esto.

¿Pero qué ocurre si esto no es motivación suficiente para ti? Al fin y al cabo puede que seas inmune a estas cosas, en casos así hay otras cosas que puedes tomar en cuenta:

  • Así aprenderás más.
  • Podrás compartir tus ideas con los demás y quizás más de una persona saldría beneficiada.
  • Te servirá de experiencia para posibles situaciones futuras.
  • Podrías llegar a divertirte más de lo que imaginas.
  • Es algo interesante que añadir mientras escribas tu autobiografía.
  • Puedes usarlo como parte de tu discurso durante alguna premiación.
  • Es un interesante relato que contar a tu familia o amigos.
  • Quizás algo así te lleve a volverte millonario en un futuro cercano (cosas más raras se han visto).

¿Eso aún no te convence? Bueno, pues entonces añadiré que una participación activa también puede ayudarte a que la información sea más fácil de recordar y a la vez hará que el tiempo pase más rápido.

Durante ese día en el aula ya nada más pasó fuera de lo común, aprendimos algunas cuantas cosas, participamos como si nuestra vida dependiera de ello y antes de darnos cuenta ya era la hora de volver a casa, era el momento de ir hacia la terminal de buses para el camino de vuelta a casa, el primer día del curso ya había llegado a su fin y tendría un tranquilo camino de regreso a mi hogar, al menos eso era lo que creía.

Puede que te preguntes «¿Qué fue lo que te ocurrió? ¿Qué otras cosas te aguardaban durante tu odisea?», pues pienso responder con detalle a ambas preguntas, pero tendrás que esperar ya que la publicación de hoy ya empieza a ser demasiado larga y tampoco quiero que la lectura se vuelva pesada.

¿Qué hay de ti? ¿Eres de las personas que se les hace difícil las actividades durante las clases? ¿Que tanto te motiva tu lado competitivo? ¿Alguna vez has tenido que cantar o hacer algo similar? Dime tus respuestas en los comentarios y recuerda que si el artículo te gustó puedes compartirlo usando los botones al final o al inicio de la publicación.

¡Hasta luego!

 

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Felipe Rodríguez

Ingeniero, lector, escritor, consejero en mis ratos libres y siempre en busca de aprender nuevas cosas relacionadas al mundo de los blogs.
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