Odisea por un curso

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¡Hola lectores!

El día de hoy quiero hablar acerca de las desventuras que tuve que enfrentar hace un tiempo, algo que debe quedar registrado en los libros de historia y no sólo por los sucesos en sí, sino también debido a que es algo por lo que quizás hayas pasado o tendrás que pasar, así que puedes ver esto no sólo como un relato, sino también como una guía de supervivencia.

La guía estará escrita en azul, de esa manera es más fácil diferenciarla del relato y a la vez poder pasar directamente hasta la parte que te interesa si estás con el tiempo limitado y has decidido leer el resto de la entrada en una ocasión futura. ¿Quieres saber lo que tuve que pasar para recibir ese curso? ¿Te interesan los consejos que pueden ayudarte si estás ante una situación similar? Te invito a seguir leyendo para saber más.

Ahí estaba yo, miré a mi alrededor y habían unas cinco personas de pie a las que había conocido hace apenas unos minutos, a la izquierda estaba un profesor en espera del terrible destino que nos aguardaba y en frente de mi un grupo de personas a las que tampoco conocía y que nos miraban con expectativas.

El pequeño grupo nos vimos mientras respirábamos hondo, sabíamos que no podíamos postergar lo inevitable, cerré mis ojos mientras me preguntaba qué había hecho para merecer algo así… luego lo recordé y me reí por dentro; pensé en escapar pero ese día hacía calor y no estaba con ganas de preparar una distracción para luego salirme por la ventana así que me resigné y miré a mi alrededor esperando que alguien del grupo tomara la iniciativa para luego seguirle la corriente, terminar con todo eso, sentarme en mi puesto y luego regresar a casa, olvidarme del evento y negar a toda costa que eso alguna vez ocurrió.

No es que lo que estaba a punto de ocurrir fuera malo, pero era algo que puedo asegurar no nos esperábamos para ese entonces, pensé para mis adentros que si así es como iniciaba el curso, no quería ni saber como continuaría y analicé si fue buena idea haberme inscrito.

¿Cuando fue esto? Se preguntarán muchos de ustedes, pues la triste verdad es que lo que estoy narrando ocurrió hace apenas unos siete meses y este suceso fue parte de un curso por el que tuve que pasar y que estaba relacionado con recursos humanos y otras temáticas relacionas con mi empleo.

 Todo empezó de la manera en la que quizás te imaginas, se anunció un curso dirigido a profesionales en determinada área y claro está, accedí debido a que me interesaba, poco sabía yo para ese entonces en lo que me estaba metiendo.

La posibilidad de tomar un curso es algo que puede ocurrirnos en cualquier momento, ya sea que estemos estudiando o trabajando, de vez en cuando nos encontramos con alguno que nos llame la atención hasta el punto de considerar seriamente asistir.

Hay cursos que están directamente relacionados con lo que estás viendo en tus estudios o empleo (técnicas de estudio, manejo del tiempo, el uso de un determinado programa en la pc, etc.) o podría ser algo que te interese aprender por cuenta propia y que no tenga nada que ver (malabarismo, clases de tap, supervivencia en el bosque, origami,  etc.),  hay para todos los gustos y muchas veces es solo cuestión de estar atento a las distintas oportunidades que aparecen para aprender algo nuevo.

Siempre hay una serie de cosas a considerar antes de inscribirse: el precio, la distancia (de la que hablaré en unos momentos), la duración y la utilidad del curso a corto, mediano y largo plazo; recomiendo analizar todos estos puntos antes de tomar una decisión para evitar perder oportunidades o terminar recibiendo una clase de la que te arrepientas cinco minutos después solo para descubrir que no darán reembolsos.

El primer inconveniente fue la ubicación, resultó que el curso se impartía en otra ciudad y debido al horario implicaba que debía despertar a las cinco de la mañana los sábados para irme en bus y estar allá a las ocho en punto; debido a mi enorme apego con las sábanas y la almohada, sabía desde un inicio que lograr levantarse de la cama a esa hora iba a ser algo casi imposible, aunque lo bueno es que eran solamente tres semanas así que podría soportarlo o al menos eso esperaba.

Y es que no siempre los cursos se dan cerca de la casa, este es uno de los puntos que debes tomar en cuenta ya que a la hora de planear tus horarios hay que considerar el tiempo de viaje, nunca será igual asistir a un aula que queda a un par de casas de donde vives, que tener que irse en taxi para luego tomar un avión, navegar en un bote, llegar hasta la selva, moverse en lianas, entrar a la cueva detrás de la cascada y así llegar a tus clases (según mi humilde opinión, debería haber una manera más sencilla de asistir a ese curso).

En caso de que el curso sea fuera de la ciudad, hay otras cosas que deben tomarse en cuenta aparte del transporte, como por ejemplo: alimentación, taxi, compra de saldo para el teléfono y un extra para gastos imprevistos (folletos, libros, viajes de último segundo, compra de algún objeto que te repente se te haya ocurrido adquirir y pago por daño a la propiedad privada por no ser capaz de entender que un yoyo puede tener un poder destructivo que escapa del razonamiento humano… oh la humanidad…)

Me preparé y el primer sábado estaba puntual en el sitio y que conste que no fue fácil, no solo debido a que tuve que hacer uso de toda mi fuerza de voluntad para lograr levantarme, sino también debido a que al ser la primera vez en aquella ciudad, me perdí un poco al principio pero al menos al final logré encontrar el edificio.

Luego de una espera muy breve nos llevaron al aula y se presentó el instructor, habló brevemente de sí mismo y entones dijo una frase que ya antes había escuchado y que siempre implicaba que lo que estaba por venir no sería nada fácil: «Pues bien, ¿cómo les gustaría que se impartieran estas clases? ¿De una manera aburrida y seria? ¿O de una manera divertida y con mucha participación?»

No era la primera vez que escuchaba esa pregunta, y ya sabía de sobra cual sería la opción que ganaría, todos (o la mayoría) votaría por las clases con mucha participación y yo al igual que siempre me quedaría analizando seriamente si soy el único ser humano con ganas de recibir las clases que a pesar de ser tachadas de serias y aburridas, al menos me evitarían tener que participar en actividades que me hacen sentir ganas de escapar lo más lejos posible.

Con respecto a las clases con mucha participación de los estudiantes, aquí es mis queridos amigos, en dónde muchos de nosotros nos dividimos para llegar a formar parte de uno de estos grupos:

  1. Aquellos que se alegran ante la idea de las clases participativas, sabiendo que habrán muchas actividades y diversión que hará que las lecciones sean más entretenidas.
  2. Aquellos que al escuchar esa pregunta empiezan a sudar frío

Si eres de los que pertenecen al grupo uno, no tienes de qué preocuparte, recibirás una clase que disfrutarás bastante, ¿pero y qué tal si eres del grupo dos? La buena noticia es que hay una amplia lista de cosas que puedes hacer: 

  • Escaparte (recuerda que las bombas de humo y salir por la ventana es algo opcional y no algo obligatorio).
  • Gritar que no pasarás por algo así de nuevo, luego,  para darle un toque más dramático puedes salir corriendo por la puerta.
  • Poner cara seria mientras explicas que el mundo entero podría explotar ante algo así y que por el bien de toda la raza humana no recibirás ese curso, es posible que no te crean, pero entonces puedes decir: “¿Y que tal si tengo razón?”.
  • Fingir amnesia, locura, hambre y/o un desmayo.
  • Nunca subestimes el poder de la frase: “¡Oh no! Debo volver a mi planeta antes que sea demasiado tarde”, si lo prefieres puedes también decir “Debo volver a mi época”.
  • Empezar a bailar (se recomienda tener una coreografía previamente ensayada para estas situaciones) y luego irte caminando a paso calmado, por lo general nadie te dirá nada ni intentará detenerte luego de algo así.
  • Poner cara de preocupación mientras dices que has olvidado tu medicina para las alergias en casa, en caso de que te preguntan, trata de evitar decir cosas como que eres alérgico al oxígeno.

Ahora bien, en caso de que estés buscando soluciones más prácticas y sin riesgo de que acabes corriendo por la calle con una camisa de fuerza mientras eres perseguido por el personal del manicomio más cercano, entonces tengo excelentes noticias, también hay opciones para ti.

  • Trata de convencer a los demás que voten por las clases aburridas, podrías tener éxito aunque no te mentiré, las leyendas dicen que esto es algo imposible, pero siempre se puede intentar y así demostrar que las leyendas se equivocan.
  • Sonríe, si vas a pasar por todo eso, al menos hazlo con una sonrisa, eso podría mejorar el ambiente.
  • Mira el curso como un reto, aprende de la experiencia y trata de pasarla bien, recuerda que hay veces en las que tienes que salir de tu zona de confort.
  • Siempre puedes optar por tomar otro curso, no es lo ideal en muchos casos, pero puedes tenerlo en cuenta.
  • Recuerda que solo porque la clase es participativa, no tienes razón para no beneficiarte, simplemente pásala bien y trata de camuflarte entre las sombras para mantener al mínimo tus participaciones (te será más fácil si eres un ninja).
  • Algo que te puede ayudar es hablar contigo mismo mientras te refieres a ti en tercera persona, es decir, en vez de decir “Yo puedo hacerlo, lo sé, no es para tanto”, mejor di “Sé que puedes hacerlo y lo sabes, no es para tanto”, según estudios, de esa manera es más efectivo, solo un consejo, evito hacer esto en voz alta o algunos pueden extrañarse al verte hablando solo.

Como me lo imaginaba, ganó la opción de las clases divertidas así que el maestro decidió hacer una dinámica para empezar bien las clases y fue entonces cuando llegó el momento de la verdad, cuando tuve que hacer lo que describía al inicio de la publicación, ¿qué era lo que tenía que hacer? Es posible que te estés preguntando esto mientras continúas leyendo con ansias de saber más.

En este punto hay algo que me gustaría explicar, originalmente esta publicación sería de una sola parte, pero resultó que mientras la escribía se hizo mucho más extensa de lo que había imaginado, con decirl que no voy ni por la mitad de las cosas por las que tuve que pasar, mis aventuras apenas iniciaban y las cosas que aún quedaban por delante hacían ver todo lo anterior como algo ordinario.

No quiero que la publicación se extienda demasiado y al ver lo que aún queda tanto por contar, debo decir que tendrás que esperar a la segunda parte, pero no te preocupes, la espera será corta, mientras tanto podrías compartir en un comentario tus experiencias con cursos que hayas recibido, ¿que tal la experiencia? ¿Eres de las personas que disfrutan con las clases participativas? ¿Alguna vez has tenido que salir de la ciudad para recibir las clases? Me gustaría saber tus respuestas.

¡Hasta luego!

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Felipe Rodríguez

Ingeniero, lector, escritor, consejero en mis ratos libres y siempre en busca de aprender nuevas cosas relacionadas al mundo de los blogs.
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9 Respuestas

  1. Erika Martin 13 Mayo, 2015 / 12:35

    Felipe,
    estaba impaciente por leer este post y ahora aún más por saber qué te ocurrió durante las clases en modo “divertido”. A mi me pasa justo eso. Me entra pánico cuando tengo que hablar en público, siento sudor frío por la espalda, me tiemblan las manos … lo paso fatal. Hago como dices, me camuflo entre los demás a ver si hay suerte y se olvidan de que estoy ahí. Nunca hay suerte.
    Te admiro, eso de levantarse a las 5am y moverse en liana hasta dar con la entrada a clase detrás de una cascada ¡una tortura! ¡una odisea!
    Me he divertido mucho con el post. Lo comparto ahora mismo 😉
    Un beso

    • Felipe Rodríguez 13 Mayo, 2015 / 22:10

      Aún quedan muchas cosas más, la odisea apenas está empezando ja ja ja
      Hablar en público no es fácil, pero mi teoría es que con perseverancia y práctica, tarde o temprano será posible camuflarse a la perfección.
      Sigo sin comprender del todo de dónde obtuve la fuerza para lograr algo así, espero no volver a pasar por eso en un buen tiempo.
      ¡Gracias por compartir!
      Un saludo

  2. Julia C. 16 Mayo, 2015 / 17:13

    Hola, Felipe!
    Me temo que yo también soy de las que prefieren las clases serias y aburridas. Eso de andar con dinámicas, interactuando con los compañeros, moviéndose por el aula y sobre todo pensando, me fastidia bastante. La próxima vez que pierda la votación para elegir recordaré tus estrategias, ji, ji.

    Una entrada muy divertida, quedo a la espera de la continuación 🙂

    Un abrazo!!

    • Felipe Rodríguez 17 Mayo, 2015 / 21:37

      ¡Hola!
      Es que en lo personal creo que ese tipo de clases se disfrutan más y se evita uno tanto estrés ja ja ja
      Espero que mis estrategias sean de utilidad 😀
      Gracias, en estos días la continuaré.
      ¡Un abrazo!

  3. anita 26 Junio, 2015 / 11:36

    O.o
    Bueno…. no me agradan los cursos si le soy sincera…
    pero como son inevitables…. los prefiero amenos… y si eso incluye hablar a los copañeros
    pues es un sacrificio que alguno debe hacer….
    ya sabe que eso del chisme no se me da …. jejejeje

    Para el próximo curso al que se inscriba… procuré disfrutarlo y verá que le pesa el tiempo…
    Gran artículo Ingeniero!!!

    • Felipe Rodríguez 26 Junio, 2015 / 22:48

      Te comprendo, hay cursos que por la manera en la que se desarrollan muchas personas terminamos desmotivadas.
      Ja ja ja Lo que pasa es que cuentas con un carisma digno de una presentadora de la televisión y por tanto las clases amenas te resultan perfectas, por otro lado yo soy del tipo de personas que prefieren aprender desde la tranquilidad de su asiento.
      ¡Gracias por el consejo! Lo tendré muy en cuenta y lo haré si primero no termino escapando.
      ¡Muchas gracias Doctora!

  4. anita 26 Junio, 2015 / 11:37

    fe de erratas:
    Compañeros….
    procure disfrutarlo y vera que le pesa MENOS el tiempo…
    😛

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